Clausura de la Formación para Catequistas de Adolescentes y Jóvenes

 

Clausura de la Formación para Catequistas de Adolescentes y Jóvenes

Que nuestros jóvenes se vuelvan discípulos transformados por Jesús

 

El sábado 23 de Julio, en el Auditorio de la Curia de Tlalnepantla, se llevó a cabo la clausura de la primera etapa de formación para las catequistas de adolescentes y jóvenes de nuestra Arquidiócesis. 

Se tuvo la asistencia de catequistas de todas nuestras zonas pastorales y la presencia de Nuestro Arzobispo, Mons. José Antonio Fernández Hurtado, el Pbro. Oscar Camacho, Vicario Episcopal de pastoral, el Pbro. José Alfredo Cruz, Vicario Episcopal de la Zona VII, y el Pbro. Carlos Piña Almanza, Decano.

En esta ocasión la modalidad de trabajo fue la presentación de actividades dirigidas por las catequistas de cada Zona Pastoral y la participación de algunos con testimonios sobre el trabajo desarrollado.

En septiembre del año pasado se inició esta aventura de formación de catequistas específicos para esta etapa de desarrollo. Han sido meses de preparación, aprendizaje, compartir experiencias y sueños.

Sin duda hay mucho trabajo a realizar para el siguiente ciclo escolar, pero el entusiasmo se mantiene, y la integración del equipo por Zonas Pastorales se está consolidando, ya que el trabajo en equipo es base para que esto siga a buen término, sabiendo que todo lo que hacemos es para mayor Gloria de Dios.

En esta iniciación cristiana no buscamos como objetivo primero que nuestros jóvenes y adolescentes reciban los sacramentos, sino que se vuelvan discípulos misioneros de Jesucristo. El proceso nos lo trazan los obispos reunidos en Aparecida en la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano, donde nos dicen que lo primero es el ENCUENTRO PERSONAL CON JESUCRISTO, que nos lleve a una CONVERSIÓN personal y familiar, que tengamos en nuestras vidas cambios significativos, por lo que demostremos que somos DISCÍPULOS, que vivimos en COMUNIÓN y que somos enviados a la MISIÓN (DA 279).

Los sacramentos son la vivencia, la intimidad de este proceso por el cual nos volvemos miembros activos de la Familia de Dios.

Queremos, pues, que nuestros jóvenes se vuelvan discípulos transformados por Jesús, que se dejen moldear por Él, como hace el alfarero con el barro hasta lograr una linda vasija; somos barro en las manos de Dios para hacer de nosotros verdaderos hijos (Jer 18,1-6). Queremos que se vuelvan misioneros, que “vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Nueva a toda la creación” (Mc 16,15), que “vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado” (Mt 18,19-20) como nos lo pide Jesús en su Evangelio

El éxito consistirá en que sigamos convocando y formando muchos y entusiastas catequistas, animadores. jóvenes que ya han vivido la iniciación cristiana o que estén verdaderamente enamorados de Cristo. Convocar y formar son las dos grandes responsabilidades de los sacerdotes, y los catequistas.

 

Por: Elizabeth Ortega Ugalde