“Pidamos la gracia de ser buenos pastores a imagen de Jesucristo El Buen Pastor”
Queridos hermanos y hermanas en Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote: les saludo a todos con afecto, a mi Vicario General Mons. Francisco Cano Chabolla, a todos los sacerdotes, religiosos, religiosas, diáconos permanentes y transitorios, seminaristas, agentes de pastoral, laicos y laicas, y a todo el pueblo de Dios que han venido a participar en esta Misa Crismal en nuestra Catedral Corpus Christi.
Saludo a todas personas que están siguiendo nuestra celebración eucarística a través de los medios digitales, en el territorio de nuestra Arquidiócesis de Tlalnepantla, en algunos lugares del territorio nacional y en el extranjero.
A todos les deseo la gracia y la paz de parte de Jesucristo, el testigo fiel, el primogénito de entre los muertos, el Alfa y la Omega, el que es, el que era y el que ha de venir.
Estamos en la vivencia de la Semana Santa y nos hemos reunido con fe, alegría y esperanza para celebrar la Misa Crismal, en donde se realizará la consagración del Santo Crisma y la bendición de los óleos de los Catecúmenos y de los enfermos. También hoy renovaremos las promesas sacerdotales, dando un signo elocuente a la comunidad eclesial y a la sociedad de comunión y de unidad del presbiterio con un servidor, su Obispo.
Queridos sacerdotes, hoy es un día particularmente especial en el que estamos invitados a valorar y profundizar el don de nuestra vocación a la que hemos sido "llamados y enviados", no por méritos propios sino porque ÉI quiso. Dios nos ha elegido y nos pide dar mucho fruto en el lugar donde realizamos nuestro servicio, nuestro apostolado. En esta celebración renovaremos las promesas sacerdotales, nuestra fidelidad y nuestro amor a Dios Nuestro Señor y nuestro pueblo, hagámoslo de corazón y pidamos la gracia de ser buenos pastores a imagen de Jesucristo EI Buen Pastor.
¡Que grande es para nosotros este día! ¡Día del sacerdocio, de nuestro sacerdocio!, aquel jueves santo, Jesús nos convirtió en ministros de su presencia sacramental entre los hombres, puso en nuestras manos su perdón y misericordia, y nos hizo el regalo de su sacerdocio para siempre.
Dios Nuestro Señor nos llamó para ser sus colaboradores cercanos, pero ciertamente hubo muchas personas que fueron y han sido importantes en nuestra vocación: nuestra familia, amigos y compañeros en el Seminario, maestros, maestras, sacerdotes, religiosas y pueblo de Dios que nos acompañaron y acompañan en nuestra vida. Démosles las gracias y oremos por ellos.
Además de dar gracias por este don misterioso, no podemos dejar de confesar nuestras infidelidades, todos conscientes de la debilidad humana, pero confiando en el poder salvador de la gracia divina, estamos llamados a abrazar el "misterio de la Cruz" y a comprometernos aún más en la búsqueda de la santidad, de esto surgirá después el "quehacer", el impulso apostólico, el impulso misionero
En el santo Evangelio resuenan las palabras de Jesucristo "Hoy se cumple esta Escritura que acaban de oír" (Lc, 4,21), así comenta Jesús en la Sinagoga de Nazaret, ante los ojos atónitos de sus interlocutores, se realiza el anuncio profético de Isaías, afirma que Él es el ungido a quien el Padre ha enviado para traer a los hombres la liberación de sus pecados y anunciar la Buena Nueva a los pobres y afligidos; Él es quien ha venido a revelar el rostro amoroso de su Padre, ha venido a proclamar el tiempo de gracia y de misericordia.
"Todos los ojos estaban fijos en él" (Lc. 4,20), también nosotros, como las personas presentes aquel día en la Sinagoga de Nazaret, somos invitados a poner nuestra mirada en el Redentor, que "ha hecho de nosotros un Reino de sacerdotes para su Dios y Padre" (Ap. 16). Cada bautizado participa de su sacerdocio real y profético. "Para ofrecer sacrificios espirituales agradables a Dios" (1Pe 2, 5), recordemos que los presbíteros estamos llamados a vivir en el servicio al sacerdocio común de los fieles; así pues, gracias al sacramento del Orden sacerdotal, la misión encomendada por el Maestro a sus Apóstoles sigue vigente en la iglesia hasta el fin de los tiempos.
El año pasado el Papa Francisco –de feliz memoria– no pudo celebrar la Misa crismal en la Basílica de san Pedro, la presidió el Cardenal Domenico Calcagno, Él estaba convaleciente en Casa Santa Marta, sabemos que murió a pocos días, el lunes de Pascua. Papa Francisco envió su homilía, reflexionando sobre el Evangelio que escuchamos hoy, invitándonos a tener "un corazón enamorado de la Palabra de Dios", recuerda dos hábitos de Jesús en Nazaret, donde se había criado: 1.- EI de frecuentar la sinagoga y 2.- El de leer la Sagrada Escritura, Él es un enamorado de la Palabra de Dios, desde los doce años se vislumbraba, y ahora, siendo un adulto, las Escrituras es su hogar. Ese es el terreno que encontramos al convertirnos en sus discípulos.
El Papa Francisco dice en su homilía: “Queridos sacerdotes, cada uno de nosotros tiene una Palabra que cumplir. Cada uno de nosotros tiene con la Palabra de Dios una relación que viene desde lejos. Y la ponemos al servicio de todos, sólo cuando la Biblia sigue siendo nuestro primer hogar. Dentro de ella, cada uno tiene páginas más queridas. ¡Esto es hermoso e importante! Ayudemos también a que otros encuentren las páginas de su vida: tal vez a los esposos, cuando eligen las lecturas de su matrimonio; o a quienes están de luto y buscar pasajes para encomendar el difunto a la misericordia de Dios y a la oración de la comunidad”.
EI Santo Padre añade que "hay una página vocacional, por lo general, al comienzo del camino de cada uno de nosotros a través de la cual Dios nos sigue llamando, que tenemos que custodiar para que no se entibie el amor. Sin embargo, también es importante para cada uno de nosotros y de manera especial la página escogida por Jesús. Nosotros lo seguimos a Él y por eso mismo, su misión nos concierne e involucra”.
Hoy quiero recomendarles a los fieles laicos, al pueblo de Dios, sigan acompañando a sus sacerdotes y a su Obispo con afecto y con la oración, para que seamos pastores según el corazón de Dios.
Quiero decirles a los sacerdotes, que Dios Padre renueve en nosotros el Espíritu de Santidad con el que fuimos ungidos, que lo renueve en nuestro corazón, de tal manera que la unción llegue a todos, especialmente a los más necesitados, a los vulnerables, que llegue a las periferias, donde nuestro pueblo fiel espera y valora; que nuestra gente nos sienta discípulos del Señor, que sienta que estamos revestidos con sus nombres, que no busquemos otra identidad y que puedan recibir, a través de nuestras palabras y obras, ese ungüento de alegría que nos vino a traer Jesús el Ungido.
Queridos hermanos y hermanos, hoy mismo serán llevados el Santo Crisma, el aceite de los Catecúmenos y el aceite de los enfermos a cada una de las parroquias de nuestra amada Arquidiócesis de Tlalnepantla que son bendecidos en esta celebración.
Que nuestra Patrona de la Arquidiócesis, la Santísima Virgen de los Remedios, nos cuide y proteja para seguir edificando una Iglesia como quiere su Hijo Jesucristo: que sea sinodal, en salida, en donde se dé la comunión, la participación y la misión. Amén.
+José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla