DOMINGO DE PENTECOSTÉS
Envía Señor tu Espírutu a renovar el aspecto de la tierra.
Queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús, hoy celebramos la solemnidad de Pentecostés en toda la Iglesia Universal. Quiero saludarlos a todos ustedes que están aquí presencialmente en nuestra catedral de Corpus Christi y también a las personas que están siguiendo esta transmisión, esta Eucaristía, a través de los medios digitales. Hoy, en especial, me da alegría que esté nuestro querido seminario aquí en esta celebración, los alumnos y el equipo formador.
También encontramos al padre Rogelio y al padre Edgar de la Pastoral de Adolescentes y Jóvenes, y precisamente se da en esta fiesta, en esta solemnidad y en el cierre también del curso académico 2024-2025. Dios siempre cumple lo que promete, y el Padre prometió enviar a su hijo Jesús, la Palabra hecha carne, que vino a la tierra para salvarnos, para enseñarnos a vivir, y dio la vida por todos nosotros en la cruz. Y el Hijo promete que va a enviar a su Espíritu, y también lo cumple.
Hoy que cerramos el tiempo de Pascua, este tiempo litúrgico hermoso, la Pascua se cierra con esta fiesta de Pentecostés, sabedores de que el Espíritu Santo guía a nuestra Iglesia. Y hoy el papa León XIII decía que debemos estar disponibles para que el Espíritu Santo llegue a nuestro corazón y pueda dar frutos. Ayer tuve la experiencia, y en estos días también, de realizar las confirmaciones en algunas parroquias, y vemos nosotros cómo es el Espíritu Santo. Cuando recibimos el sacramento, pues vivimos también eso, recibimos esos dones: esos dones de la sabiduría, la piedad, la inteligencia, el entendimiento, la ciencia, el temor de Dios. Pero esos dones son precisamente para anunciar a Cristo. Y una frase muy bonita que en la confirmación, cuando el padrino o la madrina presenta a su ahijado o a su ahijada, dice su nombre y después dice: "para que sea testigo del amor de Dios". Ese es el reto: ser testigos del amor de Dios, anunciar el Evangelio.
Por eso, la lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles y el evangelio de San Juan narran la llegada del Espíritu Santo a aquellos apóstoles que estaban con tanto temor, un temor humano, natural, miedo. Estaban en crisis y estaban reunidos, escondidos también. Ahí estaba la Virgen María, que animaba, los animaba. Y a pesar de que Jesús se apareció varias veces, todavía tenían que crecer en su fe. Y se les aparecía y les daba ese saludo tan hermoso: "La paz esté con ustedes", y fue cuando derrama su Espíritu sobre ellos. Y entonces, abren las puertas y salen a anunciar a Jesús; cambia su corazón de miedo, de temor, a una actitud de alegría, de valentía y arrojo para llevar el Evangelio, para anunciar a Cristo nuestro Señor.
Aquí tuvimos la dicha también, el domingo pasado en la Ascensión del Señor, en nuestra arquidiócesis, de salir también a la Gran Misión Católica que desde el 2015 se realiza, donde al mismo tiempo las 203 parroquias salimos para anunciar el Evangelio. A mi me tocó en una parroquia popular estar la semana pasada, el domingo pasado, y también salir con niños, adolescentes y jóvenes para anunciar en el mercado de ese lugar, de ese barrio, en el tianguis, ahí anunciar a Cristo, invitar a la gente para que se acerque a la Iglesia, a la parroquia, invitarlos a algún retiro, alguna actividad. Y se me hace algo muy bonito, porque es un signo, un signo que no sé si en algunas otras diócesis se dé, pero en un día salir todos juntos para llevar a Cristo, para decir que Cristo vive en medio de nosotros, que Cristo vive en nuestro corazón.
Pero hay que enfatizar, subrayar, que es un signo ese día, pero la misión es de todos los días, la misión es permanente. La misión de llevar a Cristo es todos los días, iniciando en nuestra propia casa, en nuestro propio hogar, en el trabajo, en nuestros distintos ambientes en que nos movemos. Hoy somos conscientes y nos da mucha alegría cómo Jesús cumple lo que promete. Y entonces el Espíritu Santo nos va a recordar lo que el Señor nos enseñó. Y los frutos del Espíritu sabemos que son la alegría, la paz, la solidaridad, la generosidad, la concordia. ¿Son frutos del Espíritu Santo? Yo quiero invitarlos a todos ustedes para que abramos nuestro corazón para recibir al Espíritu Santo.
Solos no podemos. Humanamente a veces nos cansamos, nos desesperamos, vemos la realidad de nuestra sociedad tan complicada que a veces podemos desalentarnos, pero tenemos la presencia del Espíritu Santo para construir, para colaborar constriuyendo un mundo mejor. Lo podemos hacer desde nuestro lugar, donde estemos, porque el Espíritu Santo nos acompaña. Pues que tengamos esa actitud de animarnos unos a otros para llevar el Evangelio a los demás. Cuando yo visito las parroquias, un termómetro también que yo alcanzo a ver de una parroquia viva, de una parroquia en movimiento, de una parroquia misionera, es que se tengan agentes de pastoral formados y que también salgan, salgan de su parroquia, del perímetro de su iglesia, para salir a llevar el Evangelio a los demás.
Tenemos que seguir construyendo una Iglesia en salida, una Iglesia misionera, y nuestro plan de pastoral apunta hacia allá, ¿verdad? A ser una Iglesia sinodal, una Iglesia que escucha, una Iglesia que quiere que el Evangelio llegue a los demás.
Que el Señor los siga bendiciendo y nos conceda su Espíritu para la construcción de su Reino. Así sea.
+Mons. José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla