Homilía en la Vigilia Pascual 2025

April 19, 2025


Homilía en la Vigilia Pascual 2025

 

VIGILIA PASCUAL

Queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús, esta noche santísima, quiero saludarlos a todos ustedes, de manera especial, hoy, a los que van a recibir los sacramentos de la iniciación a la vida cristiana. Saludo también a la vida consagrada, a mis hermanos sacerdotes, al diácono y también a las comunidades del Camino Neocatecumenal que hoy vienen también aquí vestidos con su túnica blanca para renovar su bautismo.

Hoy es una noche de alegría, una noche en la que no hay palabras para expresar lo que celebramos, que es la resurrección del Señor. Hemos tenido un camino que la Iglesia nos ha invitado durante cuarenta días de Cuaresma para llegar a esta Semana Santa y celebrar los misterios de nuestra salvación. Ayer celebramos la muerte del Señor en la Cruz y hoy celebramos esta solemne Vigilia Pascual, y hay cuatro liturgias en nuestra celebración que las vamos entendiendo y que nos llevan de la mano pues para celebrar este acontecimiento, el acontecimiento fundamental de nuestra fe, del cual nos ha hablado el Evangelio: ¡Cristo vive!, ¡Cristo está en medio de nosotros!, ¡Cristo ha resucitado!

Y por eso la primera parte, la primera liturgia que celebramos, se llama la Liturgia de la Luz o Lucernario, porque fuera de nuestra catedral encendimos el Cirio Pascual, donde después entramos en procesión, donde se fueron encendiendo de este cirio las velas que ustedes han traído para significar que estábamos velando con nuestras lámparas encendidas, con nuestra luz, para esperar la resurrección del Señor. Y por eso se ha cantado ese bellísimo himno de la Vigilia Pascual, se ha cantado pues para recordar que nosotros estamos en espera, y eso también nos ayuda a entender el pasaje del Evangelio cuando se nos invita a estar preparados con nuestras lámparas encendidas para cuando llegue el Señor.

Y después pasamos a la Liturgia de la Palabra, donde hemos escuchado nueve lecturas: siete lecturas del Antiguo Testamento, esa espera del Mesías, y después hemos escuchado las dos lecturas del Nuevo Testamento, culminando con el Evangelio donde los apóstoles van y encuentran la piedra removida porque el Señor había resucitado. Y esto no es un sueño, no es una fábula, sino la verdad más importante de nuestra fe; si Cristo no resucitó, vana es nuestra fe. Y ahora, si hemos tenido cuarenta días de preparación para celebrar esta Semana Mayor, ahora tendremos cincuenta días de Pascua, de celebración, hasta llegar a la fiesta de Pentecostés, y una semana antes, el Domingo de la Ascensión del Señor a los cielos. Por eso quiero invitarlos a que estos días, donde tendremos la lectura todos los días del libro de los Hechos de los Apóstoles, pues lo podamos disfrutar, podamos saborear cómo fueron naciendo las primeras comunidades a partir de la resurrección del Señor, y después, con la fuerza del Espíritu Santo, fue creciendo la Iglesia a la que cada uno de nosotros pertenecemos.

Dentro de unos momentos vamos a empezar la Liturgia Bautismal para renovar nuestro bautismo, para renovar nuestro seguimiento como discípulos y misioneros de Jesucristo. Y en esta celebración, varios adultos se han preparado con mucho esmero, donde han ido reflexionando sobre los sacramentos del Bautismo, de la Eucaristía y de la Confirmación, donde se han dado cuenta de que los sacramentos no son solo para recibirlos, son para vivirlos. Y que esta noche, en esta celebración tan hermosa, tan bella, ustedes llegue a su corazón el Espíritu Santo que los envía para llevar su Evangelio a los demás.

Y finalmente tendremos la Liturgia Eucarística, donde a partir de las ofrendas, porque nosotros ofrecemos pan y vino que se convertirán en el Cuerpo y la Sangre del Señor, pero también le ofrecemos nuestra vida para que la sigamos gastando amando a nuestros hermanos como Jesús nos amó a nosotros. Pues que todos, al final de esta Eucaristía, de esta Vigilia Pascual, salgamos muy contentos, muy felices para anunciar que Cristo vive en medio de nosotros, que Cristo vive en nuestro corazón.

Así sea.

+Mons. José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla