Homilía del Domingo de Ramos 2025

April 13, 2025


Homilía del Domingo de Ramos 2025

 

DOMINGO DE RAMOS DE LA PASIÓN DEL SEÑOR

Muy queridos hermanos y hermanas en Jesucristo nuestro Señor. 

Hoy hemos iniciado los oficios de la Semana Santa, la Semana Mayor. Y quisiera nada más recordar el contexto desde el inicio de la Cuaresma, que fue el Miércoles de Ceniza, donde fuimos invitados todos, en la Iglesia universal, en la Iglesia particular también de nuestra querida diócesis de Tlalnepantla, de iniciar un camino de conversión, y utilizamos el signo de la ceniza para recordar que somos polvo y en polvo nos convertiremos, que somos peregrinos en este mundo, pero que nuestro destino es la casa de Dios, la casa del Padre. Y fuimos invitados para estos cuarenta días, ir caminando con Jesús, sobretodo sabiendo que tenemos una meta en esta Cuaresma, que es llegar con Jesús a la Pascua, a la Resurrección; la fiesta que celebraremos el próximo domingo, que es la fiesta número uno de todo el año, de nosotros, de la Iglesia, porque celebramos la Resurrección del Señor. Porque si Cristo no resucitó, apaga y vámonos, ¿qué estamos haciendo aquí? Pero sabemos que Cristo resucitó.

Esta semana es muy importante porque vamos a conmemorar los misterios fundamentales, principales, de nuestra salvación: la Pasión, la Muerte de Jesús en la Cruz y la Resurrección. Es un camino que también nosotros queremos llegar: morir con Jesús para nacer con Jesús a una vida nueva, morir al pecado para vivir en la gracia del Señor.

Así como el Miércoles de Ceniza tuvimos ese signo de la ceniza, que tiene ese significado de que vamos caminando y que nuestro destino es la casa del Padre, hoy, Domingo de Ramos, tenemos el signo de las ramas, de los ramos, de las palmas. Porque fíjense que los judíos celebraban cada año la Pascua, y Pascua significa "el paso", de la esclavitud a la libertad. Recordaban ese acontecimiento grandioso de cuando Dios los liberó de la esclavitud en Egipto y salió el pueblo para caminar y llegar a la Tierra Prometida. Entonces, cada año celebraban la Pascua, y seis días antes de celebrar este acontecimiento, sucedió que Jesús entró en Jerusalén y pidió un burrito para entrar. Y los niños, los adolescentes, los jóvenes; la gente del pueblo, tal vez alguna que después gritaba, días después, que lo crucificaran; estaban ahí agitando sus palmas, aclamándolo como rey del universo; paradójicamente, una persona que entraba en un burrito le gritaban que era el rey, bendito el que viene en nombre del Señor, ¡Hosanna al Hijo de David! Y la gente con alegría agitaba las palmas. Jesús, de una manera muy humilde, muy sencilla, pero pues también dejó que la gente lo aclamara.

El signo de la palma no tiene un significado mágico, porque a veces podemos darle otro sentido a la palma. Sino es realmente querer que Cristo esté en nuestra vida, que sea el Rey del universo, pero también el Rey de nuestra familia, de nuestra comunidad, de nuestra colonia, de nuestro pueblo, que Él esté presente ahí, Jesucristo, el Hijo de Dios.

Hoy es un día de mucha alegría porque nos unimos a ese acontecimiento que sucedió en Jerusalén hace veintiún siglos, y que también nosotros debemos sentirnos muy contentos de tener a Cristo en nuestra vida, que es el centro de nuestra fe. Pero acabamos de escuchar la Pasión del Señor según San Lucas, esta lectura que solamente se hace el Domingo de Ramos y el Viernes Santo, una lectura que nos narra, según cada año va cambiando el evangelista, el Domingo de Ramos los evangelistas sinópticos; hoy le tocó a Lucas, después le tocará a Mateo y a Marcos; y el Viernes Santo a San Juan; donde se nos va narrando lo que sucedió en los días posteriores a la entrada triunfal a Jerusalén. Se nos va platicando lo que vamos a vivir esta semana, y quiero invitarlos para que ustedes también den esos espacios en su familia para participar en estos oficios, iniciando con el Jueves Santo, la institución de la Eucaristía. Cuando Jesús, empezó el Evangelio de hoy, la Pasión, diciendo "Jesús se reunió con sus apóstoles y tomó pan y les dijo: 'Este es mi cuerpo', y después tomó vino y les dijo: 'Esta es mi sangre'". La institución de la Eucaristía, donde también les lava los pies a sus apóstoles. Eso lo viviremos el Jueves Santo, y después la aprehensión, donde las fuerzas políticas y religiosas se confabularon para apresar a Jesús, y después darle el juicio de la muerte en la Cruz. Eso lo celebraremos el Viernes Santo, la muerte en la Cruz de Jesús. Y que también nosotros, en medio, seguramente algunos de descanso con la familia, también dejen esos espacios para pensar en lo que hizo Jesús por nosotros.

Pero la historia no terminó ahí, sino que viene la Pascua del Señor, la Resurrección; el Padre lo resucitó. Pues que esta Semana Santa sea para todos, en este Año Santo Jubilar, sea una semana de gracia, una semana de bendición, una semana en que nosotros abramos nuestro corazón para acompañar a Jesús, y no solo para acompañarlo, sino para querer seguir su ejemplo de dar la vida como Él la dió por los demás. Que el Espíritu Santo nos acompañe. Y también de una manera muy especial, quien estuvo ahí al pie de la cruz, la Virgen María, la Virgen de los Remedios, nos acompañe en esta Semana Santa para que sea una semana que nos ayude a crecer, a crecer como personas pero también como buenos cristianos.

Así sea.

+Mons. José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla