V DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Muy queridos hermanos, hermanas, en Cristo Jesús.
A todos les saludo este domingo, día del Señor. A ustedes que están aquí en nuestra catedral presencialmente viviendo esta eucaristía, pero también saludo a los que siguen a través de las redes sociales, de los medios digitales, esta eucaristía.
Este quinto domingo ordinario nos habla, en las tres lecturas, de la vocación. Y la vocación es una palabra que significa "Un llamado", y el llamado es de Dios. Precisamente, el profeta Isaías, en la primer lectura, Isaías es el más grande de los profetas del antiguo testamento, platica su experiencia; él no se sentía digno de ser enviado por Dios, sin embargo, pues se nos va platicando, ahí en el pasaje, como Dios lo va preparando. Y al final, Isaías dice —Señor, si tú quieres, envíame —. Y Dios lo envía para que sea su mensajero, para que lleve a los demás la palabra de Dios.
Y también en la segunda lectura de San Pablo a los corintios. Pablo platica su experiencia, como él, un tiempo, persiguió a los cristianos pero tuvo una conversión. Y dice —Yo no soy digno, sin embargo, la gracia de Dios es muy grande —. Y platica cómo Jesús padeció por nosotros, murió, resucitó; platica el Kerigma: el anuncio gozoso de Jesucristo. Y cómo fue llamando a los apóstoles: a Simón Pedro, a Juan, a Santiago. Los llamó para que fueran sus discípulos. Y también a él. Y de una manera muy sana, dice Pablo —yo he trabajado mucho para ser ese mensajero fiel, ese mensajero que lleva las noticias de Dios —. Y cómo llega al corazón de mucha gente.
Pues también el Evangelio hoy nos platica sobre el mismo tema: la Vocación. Como Jesús llama a Simón Pedro, a Santiago, a Juan, a Andrés; y al final del evangelio les dice —los haré pescadores de hombres y de mujeres —. Pero hay un proceso, porque primeramente encontramos a Jesús ahí en el lago de Genezaret, que está dando la palabra de Dios a una multitud, pero por ahí ve dos barcas, y una de las marcas le dice que quiere subirse, precisamente, es la barca de Simón. Y primero, también les transmite su mensaje de salvación, y después, les dice que vayan mar adentro. Ellos ya habían incluso lavado las redes porque habían pasado toda la noche pescando y no habían pescado nada, sin embargo, Jesús le dice a Simón —echa las redes —, y Pedro, Simón, dice —las acecharé en tu nombre —. Y entonces nosotros sabemos el magnífico milagro que realizó Jesús, de tal manera que las redes se rompían, porque eran muchos los pescados, de tal manera que llamaron a la otra barca para que les ayudaran. Y después viene la invitación de Jesús. Eran pescadores, era su oficio, "pero ahora ustedes serán pescadores de hombres". Los miró a los ojos, y ellos dejándolo todo lo siguieron.
El mensaje, queridos hermanos y hermanas, es para todos nosotros también. También somos invitados a ser seguidores de Jesús, pescadores. Sabemos que tenemos una vocación. Ya la primer vocación, hemos sido llamados a la vida, a ser personas; y desde el día de nuestro bautismo, recibimos la vocación cristiana de ser hijos e hijas de Dios. Y después tenemos las vocaciones específicas: en el matrimonio, en la soltería, de la vida consagrada, como religiosa, como sacerdote. Pero todos estamos invitados a comunicar el mensaje del Señor. Por eso fíjense, qué bonito es que, la barca; hoy escuchamos que Jesús se sube a una barca, y la barca es el símbolo de la iglesia, y Jesús quiere que nos subamos a la barca todos, y Él va a ir en la barca, por qué quiere que construyamos su reino; que cada quien, desde nuestro espacio, de desde nuestro ambiente, del lugar donde vivimos, trabajamos, nos movemos, colaboremos en la construcción de un mundo mejor, un mundo más humano, más amable, de respeto, de concordia, de diálogo, de empatía, de colaboración.
Hoy Jesús nos dice por nuestro nombre, a cada uno de nosotros: Yo te haré pescador de hombres. Y esa es la misión, el cristiano tiene una misión: Evangelizar. Hemos platicado como antes se pensaba que solo los que tienen que hablar de Dios, Evangelizar, pues eran los sacerdotes o el Papa, los obispos, las religiosas, los catequistas; pero sabemos que, desde nuestro bautismo, y que vamos creciendo en un ambiente de familia, conociendo la más a Jesús; todos estamos invitados a evangelizar, a llevar a Jesús a los demás. No estamos caminando solos, tenemos el Espíritu Santo que nos acompaña para cumplir con esta tarea.
Así sea.
+Mons. José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla