Homilía del domingo 26 de enero de 2025

January 26, 2025


Homilía del domingo 26 de enero de 2025

 

III DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Muy queridos hermanos, hermanas, en Cristo Jesús. 

En este tercer domingo ordinario le saludo a todos ustedes que han venido aquí a nuestra catedral, Corpus Christi, para celebrar la eucaristía; y también a todas las personas que, en el ámbito de nuestra Arquidiócesis, están siguiendo esta transmisión, y también en otros lugares de la república mexicana, y también del extranjero. Que la palabra de Dios, que ha sido entronizada, sea un alimento para nuestra vida cotidiana.

La primer rectura que escuchamos, de Nehemías, y el Evangelio de San Lucas, tiene una concordancia con la palabra, la palabra de Dios. Y podemos ver cómo, en ese tiempo era gobernador Nehemías, y el sacerdote era Esdras; y cómo hubo una gran fiesta por escuchar la palabra de Dios; cómo se llevó esta palabra de Dios en el centro del pueblo y se abrió precisamente el libro del Deuteronomio, y estuvo leyéndose la palabra durante varias horas; desde la mañana hasta mediodía, y toda la gente estaba contenta porque escuchaba la palabra de Dios. Y todos al final dijeron "amén", que así sea lo que escuchamos, la salvación del Señor. Y al final el sacerdote Esdras les digo —Vayan y coman como signo de alegría, pero también compartan con aquellos que no tienen —. 

También, el Evangelio de San Lucas, nos platica cómo Jesús después de ser tentado en el desierto, empezó su misión y recorría las aldeas, los pueblos, y llegaba a las sinagogas para proclamar el mensaje de salvación. Pero debió ser muy emocionante que llegó a su tierra, un pueblo pequeño que se llama Nazaret, donde él se había criado. Sabemos que nació en Belén, pero la mayor parte de su vida la vivió en Nazaret. Y entró al templo, a la sinagoga, y abrió un pasaje del antiguo testamento, tomado del profeta Isaías, en el capítulo 61, ¿qué decía este pasaje? "El espíritu del Señor me ha ungido y me he enviado para llevar la buena noticia a los pobres, para dar la vista a los ciegos, para levantar a los paralíticos, y para anunciar el año de gracia del Señor". Y precisamente con Jesús llega la salvación, después todos se quedaron admirados, algunos no les pareció porque dijo —Hoy esta palabra se ha cumplido —. Él había llegado para eso, para anunciar la buena nueva a los pobres, para dar la vista a los ciegos, para levantar a los paralíticos, para dar palabras de esperanza a los desanimados, para anunciar el año de gracia del Señor.

Pues precisamente nosotros ahora celebramos un año santo jubilar, que quiere ser un año de gracia. El papa Francisco, el 24 de diciembre, abrió las puertas de San Pedro, en el Vaticano, en Roma, para inaugurar este año santo; y también se ha abierto ya aquí, en nuestra catedral, y en todas las catedrales del mundo entero, del mundo católico, para que sea un año de gracia. Que lo más importante es tener un encuentro con Cristo vivo, el poder ganar indulgencias. Poco a poco iremos platicando este tema. 

Para ganar indulgencias se han abierto también varias, se han señalado varios templos en nuestra arquidiócesis. De una manera especial nuestra catedral y la Basílica de los Remedios. Pero también en distintas zonas hay otros templos; porque queremos que sea un año de encuentro con la palabra, de encuentro con el Señor que nos bendice a todos.

Hoy se hizo la entronización de la Biblia porque hoy es el día de la palabra, y como vemos, las lecturas nos hablan de la palabra de Dios tanto, el libro de Nehemías como el Evangelio de Lucas. 

Por otro lado, hoy la segunda lectura también es muy hermosa, porque San Pablo hace una analogía con el cuerpo humano para dar después una explicación sobre Cristo y la iglesia. Seguramente que había, en Corinto, problemas, divisiones, tensiones, y entonces Pablo dice —Como Cristo es uno, es Dios, y la iglesia debe ser una, y se parece al cuerpo, y el cuerpo no le puede decir la mano al pie no te necesito, el ojo al oído no te necesito; sino que todos forman parte de un cuerpo —. El mensaje es de Unidad. Debemos estar unidos, debemos poner los carismas que Dios nos dio al servicio de Dios. ¿Y cuándo nosotros empezamos esa experiencia? Cuando nos bautizaron. Empezamos a formar parte de la familia de Dios, y por eso la sinodalidad que se nos invita es caminar juntos como pueblo de Dios, solo un Dios, una sola fe, un solo bautismo. 

Así es, que hoy es un día para que nosotros nos animemos a seguir caminando juntos, unidos, poniendo los carismas, dones, cualidades que Dios nos dio, al servicio de los demás, pero siempre Cristo es la cabeza que nos va invitando a construir el reino de Dios.

Así sea.

+Mons. José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla