Homilía del 04 de agosto del 2024

August 04, 2024


Homilía del 04 de agosto del 2024

 

DOMINGO XVIII DEL TIEMPO ORDINARIO

Yo soy el pan que ha bajado del cielo.

Queridos hermanos, hermanas, en Cristo Jesús:

A todos los saludo con alegría en este domingo, a ustedes que están aquí presencialmente en nuestra catedral Corpus Christi, y también a las personas que están siguiendo esta transmisión a través de las redes sociales, a través de los medios digitales. Todo este mes iremos viendo el capítulo seis del evangelio de San Juan, que es el discurso de yo soy el pan de vida, y recordarán que el domingo pasado el evangelio nos habló de ese gran milagro que realizó Jesús, porque fue muy comentado, y también en los cuatro evangelios está presente este milagro, en Mateo Marcos Lucas y Juan, el milagro de la multiplicación de los panes y de los pescados, fue un milagro que impactó y que fue muy comentado. Y decíamos que el milagro tiene tres dimensiones: una dimensión profética, Él es el Mesías, el que tenía que venir; otra dimensión eucarística, porque, también se nos habla, es un preludio de que después Jesús se nos entrega a nosotros en el pan; y también otra dimensión de la caridad, recuerdan ustedes que sobraron doce canastos de pedazos de pan y que Jesús les dijo recójanlo para que no se desperdicie y después se puedan compartir. 

Pues hoy, este domingo, viene esa dimensión más eucarística, porque se nos habla de Jesús como pan de vida. La gente lo andaba buscando, lo andaba buscando y a Él no le quedaba tiempo para descansar, ni para comer en ocasiones, y Jesús les dice –Me andan buscando porque la otra vez hice el milagro del pan; y empieza Jesús a dar esa catequesis, para llegar a decir –Yo soy el pan de vida. Y viene el pasaje del antiguo testamento donde el pueblo de Israel, que iba caminando por el desierto, y que muchas veces renegaba, tenía quejas, y las recibía Moisés, de tal manera que el pueblo tenía hambre, y Dios del cielo mandó el maná, el pan, y lo hizo a través del profeta Moisés. Pero Dios siempre es el que hace los milagros, y Moisés fue el intermediario y también el que le dio ese maná a la gente. 

Hoy tenemos nosotros que maravillarnos, y quiero invitarlos a cada uno de ustedes a que nos maravillemos con lo que significa la eucaristía, por qué ese pasaje tan hermoso de la última cena, que muchos tenemos en nuestras casas, donde Jesús se reunió con sus apóstoles a celebrar la última cena, y se quiso quedar con nosotros en el pan y en el vino; tomen esto es mi cuerpo que será entregado por ustedes, tomen este vino que es mi sangre que será derramada por ustedes. A veces podemos ver una monotonía cuando participamos en las misas y no nos maravillamos. Yo quiero invitarlos a que siempre nos maravillemos con este misterio de la Eucaristía,  que es el Sacramento, que es el culmen, centro y culmen de la vida cristiana. 

Y como cuando nosotros venimos a la Eucaristía tenemos ese alimento de la palabra y ese alimento de la Eucaristía; yo les preguntaría, y me pregunto también a mí, si nos disponemos nosotros interiormente, si abrimos nuestro corazón para que esta palabra llegue, penetre, y vaya dando fruto; como cuando pasamos a comulgar, recibimos la Eucaristía, al mismo Jesús. 

Si esa vez le dio a cinco mil hombres de comer, sin contar a los niños y a las mujeres, pensemos cuánta gente en todo el mundo católico, en las celebraciones, recibe el cuerpo del Señor. Es el gran milagro porque se queda con nosotros, y es un alimento. Cada uno de nosotros podemos traer problemas, dificultades, alguna enfermedad; pero ciertamente la Eucaristía nos fortalece para el camino de la vida. Papa Benedicto XVI decía que hagamos de la Eucaristía el centro de nuestra jornada, por lo menos participamos los domingos en la misa, participan ustedes, hay algunos que tienen la oportunidad de participar todos los días, que hermoso. 

Yo les preguntaría cuál es su experiencia, y esa la pueden compartir después con alguien, ¿cuál es su experiencia al venir a misa y escuchar la palabra de Dios? ¿Qué les produce? ¿Cuál es la experiencia de venir a comulgar? ¿Qué es lo que experimentan en su vida? Y que podamos nosotros compartirlo con nuestra familia, con nuestros amigos, lo que significa venir a misa. Se ha ido quitando ese concepto de que solamente hay que venir a misa por obligación, porque la misa obliga a los domingos, eso es cierto, pero se tiene que superar y venir a misa porque tengo un encuentro con Dios, que es el pan de vida y me da su palabra y su Eucaristía.

Así sea.

 

Mons. José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla