HOMILÍA EN EL XIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

June 30, 2024


HOMILÍA EN EL XIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 

 

Muy queridos hermanos, hermanas en Cristo Jesús, les deseo a todos la paz de Cristo

Ustedes que han venido esta mañana aquí a nuestra catedral, y también a las personas que siguen esta transmisión de la Eucaristía. Hoy en la primer lectura del libro de la sabiduría, pues nos va preparando para captar todavía mejor el Evangelio. se nos recuerda cómo fuimos hechos, fuimos creados, a imagen y semejanza de Dios, pero cómo entró el pecado en el mundo, cómo entró la serpiente, satanás, que siempre busca el mal, pero siempre Dios quiere el bien, la vida, el amor. 

Y por eso encontramos hoy a Jesús en este pasaje del Evangelio de San Marcos, en una jornada muy intensa porque estaba evangelizando, estaba predicando, y entonces llega a verlo un jefe de la sinagoga llamado Jairo, pues para decirle que su hija estaba muy grave. Que Él fuera y le impusiera las manos para darte la salud, y Jesús siempre con la generosidad, dice, vamos a tu casa. En el camino escuchamos como lo seguía mucha gente, pero de repente sintió que alguien había tocado su manto, su túnica, Él preguntó ¿Quién me ha tocado?. Parecería que hasta los discípulos lo regañaron, porque le dijeron “oye tanta gente que hay todavía preguntas quién te tocó”. Y volvió Él a decir ¿Quién me ha tocado? y se acercó una mujer, un poquito temerosa, y entonces Jesús alaba su fe, porque ella estaba segura que tocando a Jesús se iba a curar. Tenía 12 años con hemorragia, 12 años de sufrimiento, y entonces Jesús le da la salud, la cura físicamente, pero también le cura el espíritu, porque le dice después “tu fe te ha salvado, vete en paz”. Seguramente fue un día que no se borró en la memoria de esta mujer. Un día inolvidable, un día de gracia y de bendición. 

En eso llegan corriendo y le dicen que ya la niña, la hija de Jairo, había muerto, y Jesús sigue el camino hacia la casa de Jairo. La gente estaba triste, lloraba, y entonces, Jesús también con esa generosidad; efectivamente la niña estaba muerta, y con esa generosidad dice, la niña está durmiendo, y le dice esas palabras talitá kum, niña levántate, y la niña que también tenía 12 años, como la mujer que tenía 12 años enferma, se levanta y Jesús realiza este milagro. También como un preludio de lo que será después su resurrección, porque nosotros creemos en un Cristo vivo, en un Cristo resucitado, la pregunta para todos nosotros es: ¿Qué tanto hacemos el bien? ¿Qué tan generosos somos nosotros con nuestros semejantes?

A mí me llama la atención cuando salgo a la calle, o cuando veo en los cruces, cada día más migrantes, ¿Cuál es nuestra actitud con los migrantes? Esas personas que salieron, no por gusto, sino por necesidad, de sus países, para buscar mejores condiciones de vida, ¿encuentran en nosotros empatía o cierto desprecio? ¿Ayudamos en algo a ellos? Tenemos que seguir el ejemplo de Jesús, que se conmovía, que ayudaba a la gente que lo necesitaba. 

También nosotros atrevámonos a hacer el bien a nuestro prójimo, especialmente a aquel que más lo necesita. Así sea.

 

Mons. José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla