«Cuando el Señor nos da la paz y la recibimos, podemos trabajar por ir construyendo su Reino día a día»
A todos les deseo la paz del Señor. En el Evangelio nos dice el Señor que nos da la paz, esa paz que deseamos todos. Lo contrario a la paz es la guerra, y cuando traemos guerra interior se nos dificulta la evangelización; cuando el Señor nos da la paz y la recibimos, podemos trabajar por ir construyendo su Reino día a día.
Muy queridos hermanos, hermanas, en Cristo Jesús:
Hoy es un día histórico –como les decía en la bienvenida– para nuestra amada Arquidiócesis de Tlalnepantla. Al ver los rostros de ustedes, que vienen de las siete zonas pastorales, de los veinticuatro decanatos, al ver a mis sacerdotes aquí reunidos, es un motivo para que nos llene el corazón de alegría y también de esperanza.
El modelo de situación, después de ver el problema fundamental, que es lo que nos debe ir confrontando, muchas veces nos puede desanimar al ver la realidad social, la realidad eclesial que tenemos, que muchas veces es una realidad muy complicada, donde vemos tanta problemática en nuestro mundo, en nuestro México, en nuestra Iglesia particular. Pero no nos debemos quedar ahí, por eso viene el modelo ideal, que nos anima para seguir los caminos de Jesús. El modelo ideal no es nada más para que lo leamos, sino para que lo vayamos asimilando.
Existen varias metodologías, pero en la prospectiva viene después el diagnóstico. Cuando vamos al médico nos hace un diagnóstico y este contiene lo necesario para sanar; pues el diagnóstico que hemos hecho es para ir poniendo estas etapas para varios años, que como se dice “darle al clavo”, no son etapas sacadas de la manga, son resultado de un diagnóstico y que nos van animando a todos a caminar juntos, a tener esa sinodalidad.
Luego viene lo operativo, una parte muy importante. Hoy en la proclamación del Plan Diocesano de Pastoral un padre de muchos años de experiencia me decía: «Lo de la proclamación del Plan es como decir: Ya está la barca, ahora esa barca hay que lanzarla, pero ya la tenemos», y todos vamos en esa barca, la barca de Jesús.
Es muy importante que nosotros hoy tengamos esa pasión, esa ilusión por seguir anunciando el Evangelio; ese deseo de colaborar, como lo hemos visto a través de la historia, de estos 60 años, que es motivo de gratitud al Señor por todos los que han pasado y han puesto su semilla en este campo de la evangelización. De ahí la importancia de que tengamos el deseo de construir esa Iglesia, no la iglesia de Apolo, la iglesia de Pablo, sino la Iglesia de Jesucristo; no es de gustos, sino de seguir el proyecto de Jesús.
Por eso es tan importante ver el tipo de Iglesia con la que soñamos. Toda esta mañana se ha hablado de la Iglesia que soñamos, una Iglesia de puertas abiertas, en salida, misionera, más incluyente, samaritana, alegre, una Iglesia que invita a todos a acercarse al Señor.
Seguramente vamos a regresar a nuestras casas con una nueva mentalidad, de que sí se puede caminar juntos, que somos diferentes cada uno de nosotros, pero la riqueza está en la diversidad, siempre buscando la unidad, «Que todos sean uno, Padre, como tú y yo somos uno».
Que realmente hoy nosotros nos comprometamos a seguir este Plan de Pastoral. Cuando uno descubre a Jesús tiene la tarea de gritar, de narrar la historia de Jesús, porque nos ha cambiado, porque nos ha dado nuevos horizontes, nueva visión.
Para mí fue muy importante el número 278 del documento de Aparecida, que ustedes conocen muy bien, que nos habla del itinerario que debe seguir todo cristiano y que ojalá nosotros ya lo hayamos pasado o lo tengamos siempre presente. Son cinco etapas de las que nos habla este número, que a mí se me hace coyuntural en este documento de Aparecida.
1. La primera etapa es el encuentro con Cristo, esa es fundamental y nosotros lo hemos encontrado y queremos que otros encuentren a Jesús. Por eso les decía que tenemos que narrar la historia de Jesús de Nazaret.
2. Después del encuentro viene una conversión, un cambio en nuestra vida. Podemos ver la vida de los Apóstoles, de los Santos, de tantas personas sencillas, anónimas, de los pueblos, que en el encuentro con Jesús cambian, y sabemos que la conversión es de todos los días, una conversión permanente.
3. De tal manera que esa conversión nos lleva a un seguimiento de Jesús, lo que se llama el discipulado, ser discípulo.
4. Y este discipulado se da en comunión eclesial, no se da aisladamente, «solo Cristo y yo», sino que entra la Iglesia. Es muy importante la comunión eclesial.
5. Y finalmente viene la misión.
Estos puntos que estoy mencionando de forma concisa, el encuentro, la conversión, el discipulado, la comunión y la misión, son para un retiro, pero ese proceso lo estamos experimentando y queremos que se haga también en nuestras parroquias, con todas las personas, que lleguen a ser discípulos misioneros de Jesucristo y que salgan realmente a las periferias para anunciar a este Jesús que sana, que da vida.
Les platicaba una anécdota, que en el pasado Congreso Provincial de Familia, que fue en Nezahualcóyotl, fueron más o menos cien personas de cada diócesis. Yo me reuní con las cien personas de la diócesis en un trabajo de grupos, eran personas cercanas, agentes de pastoral, y se me ocurrió preguntarles quién sabía del Plan de Pastoral, y solamente veinte de los cien sabían que se estaba haciendo un Plan de Pastoral. ¿Esto qué quiere decir? Que falta toda esta etapa de sensibilización, una etapa muy hermosa que va a durar 17 meses, un año y medio, para que todo mundo pueda subirse en la barca y quiera participar en este proceso.
Uno de los pendientes que tenemos, como ya decían los panelistas que estaban aquí, la evangelización no es de hoy, es ayer, de hoy y de siempre, y entonces en las parroquias seguirá el trabajo, pero con una nueva inyección de todo este camino que estamos haciendo. Por eso yo insisto mucho que las comisiones y dimensiones tendrán un papel fundamental en este caminar de nuestra Iglesia particular, que haya cabezas que dinamicen y den líneas y subsidios para que las parroquias se vayan fortaleciendo.
Hoy es un día muy importante para nuestra diócesis, porque hemos retomado el trabajo que venía atrás y ahora nosotros lo lanzamos hacia adelante. Siempre que uno ve un Plan de Pastoral, de que lo lee, se pregunta ¿quién lo hizo? Lo hicimos todos, todas. Ya el padre Óscar platicaba el proceso de tomar en cuenta tantas cosas, tantas encuestas y tantos diálogos, pero en el fondo el Espíritu Santo es el que va guiando este Plan de Pastoral.
Así es que también hoy yo les pido a todos ustedes que le demos gracias a Dios, que le demos gloria, porque nos acompaña el Espíritu Santo. «No los dejaré solos, yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin de los tiempos». Así sea.
+José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla