«Hoy Jesús se manifiesta como el Salvador de toda la humanidad»
Muy queridos hermanos, hermanas, en Cristo Jesús:
Me alegra presidir esta Eucaristía en este domingo de inicio de año para encomendarnos a Dios y a nuestra Madre Santísima para que sea un año de gracia y de bendiciones para todos nosotros. Saludo también a los que siguen esta transmisión en distintos lugares de la Arquidiócesis y también fuera de ella, fuera del país; que realmente hoy experimentos que la salvación es para todos, para todos los pueblos de la Tierra.
Hoy celebramos la fiesta de la Epifanía del Señor, conocida popularmente como la fiesta de los Reyes Magos. Sabemos que la palabra Epifanía tiene un origen griego y significa manifestación, revelación. Hoy Jesús se revela, se manifiesta como el Salvador de toda la humanidad.
Hace apenas unos días estábamos celebrando la Navidad, cuando la Palabra se hace carne, cuando Dios viene a nosotros y nace de María, la Virgen, por obra y gracia del Espíritu Santo. Todavía el Nacimiento nos ayuda a tener ese momento de meditación, ver cómo están María y José con el Niño Dios y cómo en la Navidad se escuchó la voz del ángel, que decía: «Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad», y ahí estaban los pastorcitos.
Dios viene a nosotros y se encarna en una cultura concreta, en Palestina, en Israel, nacido del linaje de David, en un pueblo pequeño llamado Belén, y los judíos pensaban que solamente venía para ellos, para el pueblo hebreo. Hoy, en esta fiesta de la Epifanía la idea central es que Dios viene a todos, a todos los pueblos, a cada uno de nosotros, y eso nos debe llenar de una profunda alegría.
Ya la primera lectura, del Profeta Isaías, nos ayuda a preparar lo que va a pasar en el Evangelio. El Profeta Isaías, después de que el pueblo está en exilio, les da la noticia de que va a venir una luz. Y en el Evangelio estos astrólogos, conocedores del firmamento, ven una gran estrella y la siguen. Ellos vienen de oriente, de país lejano, pero van siguiendo a la estrella, están en búsqueda de la verdad, están en búsqueda de Dios.
Vemos que estos Reyes, que los conocemos con los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar, que incluso físicamente tienen distinto color de piel, revelan el mensaje de universalidad. Siguen la estrella y se detiene ahí en Jerusalén y ellos preguntan dónde va a nacer el Mesías, el Salvador. Le llega la noticia al rey Herodes y él tenía sus asesores, sacerdotes, expertos en la Sagrada Escritura, maestros de la ley, y los llama para preguntarles dónde va a nacer el Mesías, y le dicen: «En Belén, eso dice la escritura». Entonces le dice a los Reyes: «Vayan y después regresan a platicarme». Sabemos que las intenciones de Herodes eran matar al Niño, porque era competencia para él, él era el rey. Y siguieron los Reyes Magos su camino.
Está muy cerca Belén de Jerusalén, estará como a unos 10 o 12 km, y estaban muy cerca. Llegaron y donde se detuvo la estrella, donde estaba el pesebre, reconocieron que era el Hijo de Dios. ¿Y qué fue lo que hicieron los Reyes Magos? Cayeron de rodillas para adorar al Salvador. Y entonces abrieron sus regalos, que sabemos cuáles eran: oro, incienso y mirra; oro como rey; incienso como Dios; y mirra como hombre, como humano.
¿Cuál es la enseñanza para nosotros, queridos hermanos, este domingo de Epifanía? Que este año estamos invitados a seguir la estrella, porque la estrella nos va a llevar al Niño Dios, porque hay veces que estamos distraídos con muchas cosas, tenemos muchas preocupaciones; tenemos también esperanzas en este año 2024, habrá muchos retos, también habrá cosas difíciles, pero estamos seguros que sí caminamos con Jesús saldremos adelante.
Que este año también vayamos nosotros en búsqueda del Señor y que también nosotros queramos ofrecerle regalos. ¿Qué regalo le queremos dar nosotros al Niño Dios? Esfuerzo, trabajo, amor, generosidad, solidaridad, respeto. ¿Qué regalo queremos entregarle al Señor en estos días que iniciamos el año 2024?
Que el Señor nos bendiga a todos nosotros y que sintamos que Él vino para salvarnos, a toda la humanidad. Así sea.
+José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla